<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931</id><updated>2011-07-30T22:55:54.966+02:00</updated><title type='text'>·[Dethr0neD]·</title><subtitle type='html'>Un paseo por el rincón más escabroso de mi mente: mis relatos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>6</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-5304500017419337028</id><published>2009-12-01T22:17:00.003+01:00</published><updated>2009-12-01T22:48:26.105+01:00</updated><title type='text'>Eternidad</title><content type='html'>En la mitología griega, las Moiras eran la personificación del destino, las encargadas de hilar y cortar con sus tijeras el hilo de la vida de cada persona. Las tres viejas Moiras dotaban a cada persona al nacer de una cantidad equilibrada de bien y mal. Luego, nuestras propias acciones acrecentaban uno u otro plato de la balanza que acababa por marcar nuestro destino. Un sino del que ellas mismas velaban, como conocedoras supremas, su cumplimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la poesía o en la pintura, han sido varias las maneras de retratar a las Moiras. Algunos, las retrataban como severas ancianas, arrugadas y encorvadas con mirada de desdén. Otros, las plasmaban como melancólicas doncellas, de expresión ausente, como el que espera el fin de algo que tiene que venir inevitablemente. Todas las versiones  coinciden en que eran tejedoras. Unas hilanderas que con sus tijeras podían poner fin al doloroso tormento de un enfermo terminal o bien, podían destrozar una familia entera cortando el hilo de una niña pequeña, y lo hacían a menudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres eran las viejas Moiras. Cloto, “la que hila” con su rueca; Láquesis, “la que asigna el destino” con su pluma y Átropos y su balanza, “la inflexible”. Es ésta última precisamente la que coge el carrete del hilo de la vida y lo corta con sus tijeras de oro sin respetar edad, riqueza, poder, ninguna prerrogativa, ninguna excusa. Así, la vida llega sin más dilación a su fin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Dónde estás, Átropos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nací un soleado día de Mayo en el Sacro Imperio Romano Germánico. Mi madre solía decir que fui un niño precioso y que bajo el brazo traje la paz a aquellas tierras. La paz de Westfalia se firmó en la misma época en la que nací yo, poniendo fin así a dos guerras que habían asolado la nación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me río yo de la nación. Hoy es 2001. La región donde nací,  ha sido asolada por más de una guerra que ya no alcanzo ni a recordar. Mi país ha pasado de ser Romano a Confederación Germánica, luego fue el Imperio Alemán hasta que los nazis se hicieron con el poder. Finalmente, tras la última guerra en la que me embarqué defendiendo a mi patria y buscando mi final, Alemania quedo dividida en dos partes. Una misma nación, dos sentimientos. Yo no tenía ninguno. Hace 12 años contemplé con ausencia de ánimo como se volvían a unificar para ser la Alemania que es hoy. No creo en los países, no tengo  identidad, no soy de ninguna parte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo por lo menos 350 años, ya he perdido hasta la cuenta. Sin embargo, mis días de buscar la muerte han quedado atrás. Aquellos momentos en los que me embarcaba de guerra en guerra buscando desesperadamente un final feliz han terminado. Sin embargo, me han ayudado a pasar desapercibido entre la multitud. Llevo más de tres siglos de lado a lado, haciéndome pasar por extranjero, indocumentado, refugiado de guerra y demás desdichadas personas que parecían buscar un futuro mejor. Solo que yo no quiero un futuro mejor, de hecho, no quiero futuro. Mi Átropos, ha desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando contaba con 20 años empecé a sospechar que algo no iba bien. Nunca, jamás me había puesto enfermo. Mi madre decía que la comida alemana y un buen servicio militar habían hecho de mí un hombretón fuerte y sano. Sin embargo, aquellas eran épocas de penurias en las que era muy raro estar siempre completamente sano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En aquella época estaba felizmente casado con una bella dama de la zona llamada Erika. Habíamos conseguido comprar un molino y empezar a labrarnos un futuro. Gozábamos de una situación bastante cómoda, incluso daba trabajo a dos familias de la zona. Los Rostenberg, y los Müller. Las tres familias vivíamos a no mucha distancia. Aunque algo siempre fue mal. Nunca conseguimos tener ni  un solo hijo. Mientras mis asalariados contaban con una prole bastante amplia, yo nunca conseguí dejar encinta a mi mujer ni una sola vez. Probé remedios terapéuticos, me vieron médicos incluso una sanadora que venía de Oriente. Algo que tuve que hacer a las espaldas de mi esposa porque nunca lo habría aprobado. No hubo resultado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, me di cuenta que lo que me sucedía era algo sobrenatural. Los dioses me habían castigado con un don por el que muchos egoístas matarían. Tantos emperadores de mi longeva época me habrían cubierto de oro y joyas si les hubiera relatado mi secreto y los hubiera hecho partícipes de mi desgraciado don. Aquella noche, unos asaltantes entraron en mi casa, me lo robaron todo y asesinaron y violaron a mi esposa. A mí, me ahorcaron de una viga mientras arrasaban mi casa. Tuve la mayor de las fortunas, pienso. Pues estando colgado me desmayé, y cuando me desperté me di cuenta de que me habían bajado para robarme mis ropajes. Solo Dios sabe cómo estaría ahora si me hubieran enterrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando me despertaron mis vecinos, vieron las marcas en mi cuello y creyeron mi versión. Sé de buena tinta que muchos sospechaban que el causante de la muerte de mi esposa había sido yo en un arrebato de locura por no haber sido capaz de darme un hijo. No les culpo, puesto que yo habría pensado lo mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo de duelo duró poco más de 10 meses. Eran épocas difíciles y el amor quedaba soterrado por la necesidad de hogar y alimento. Un mercader de la zona me ofreció en matrimonio a su hija, de tan solo 16 años. Ante mi soledad acepté, y dos días después de dejármela en el molino, supe que el mercader se había suicidado, arrojando su carruaje por un barranco. Tina, que así se llamaba la chica, tampoco me pudo dar descendencia. Entonces comprendí que el problema era mío, y que era un problema bastante más profundo que el mero hecho de no poder tener hijos. A la edad de cuarenta años, Tina ya tenía canas y su rostro mostraba que la impasividad de paso del tiempo. Por el contrario, yo apenas aparentaba más de 25 años. Todos los días la sorprendía mirándome en nuestro lecho, preguntándose por qué las arrugas no invadían mi rostro o por qué las canas no hacían acto de presencia en mi pelo negro como el ébano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la edad de 78 años, murió de anciana. Nos habíamos entregado amor mutuo durante toda su vida. Al final, pereció junto a mí, que podía haber pasado por su nieto. Tanto a Erika como a Tina las amé con toda mi alma. Pero en lo más profundo, comprendí que el amor solo me iba a traer decepción y derrota. Decidí congelar mi corazón y no sacar a pasear mis emociones. En ese momento, comprendí que lo que más temen los hombres, era lo que yo más añoraba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo el hijo de los Müller conocía mis preocupaciones. Era un chaval avispado al que había enseñado el oficio tras la muerte de sus padres. Jamás le reveló a nadie lo que pasaba. Era él el encargado de tratar con los mercaderes para que por los pueblos de alrededor no se corriera el rumor de que una persona incapaz de envejecer vivía por sus tierras. Le estoy muy agradecido al pequeño Hans. Tanto, que cuando dejé mi tierra. Le dejé en legado mi molino en señal de agradecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vagué como un nómada por Europa hasta que decidí que ya no tenía sentido seguir luchando, y me convertí en un mártir por la causa. Amaba la tierra donde habían nacido, crecido y perecido todos los miembros de mi familia y todas las personas que habían pasado por mi larga vida. Tenía más de noventa años y estaba hecho un chaval. En mi región estallaron dos guerras, la de Sucesión Austriaca y la de los Siete Años. Me embarqué como soldado en ambas. En ninguna conseguí morir. Si algún tiro cruzado me llegaba en una zona vital, me levantaba resignado al día siguiente de entre la marea de perecidos. En una ocasión incluso me levanté del carro con el que trasladaban a los muertos a las fosas. El portador del carro sufrió tal crisis nerviosa que tuvo que volver a casa. No lo culpo, a mi me habría pasado igual. En todas las ocasiones los médicos coincidían en que había perdido el conocimiento o que un golpe me había dejado aturdido mientras se sucedía el combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada vez luchaba con más desgana. Acudía al frente con la mirada perdida, y cuando comenzaba la acción, me dedicaba a dar muerte con la misma intensidad con la que deseaba la mía. No sé cuántas vidas habré sesgado desde que me embarqué en mi primera batalla. Una vez, antes de degollar a un combatiente austriaco, le encargué que buscara a mi Átropos en el más allá y que le dijera que la estaba esperando. No lo hizo, puesto que sigo aquí de pié sin el menor atisbo de senectud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así vagué por muchas ciudades de lo que hoy son Alemania, Austria, Suiza, Francia y Países Bajos. El modus operandi siempre era el mismo. Buscaba las guerras, las luchaba con cualquiera de los dos frentes, me daba igual. Luego emigraba, y llegaba a otro país completamente distinto como luchador. Mis habilidades de trabajo en molinos, carpintería, forja y agricultura me permitían ir de campo en campo, trabajar para el señor de las tierras y poder largarme con algo de dinero y otra coartada para emigrar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de mi vida he tenido no menos de veinte nombres y nacionalidades diferentes. Que me servían para ocultar mi condición. Siempre decía que habían arrasado mi casa, que no tenía familia ni documentos. Siempre me creyeron. Era una época bastante convulsa aquella y los registros civiles no tenían el rigor que tienen ahora. En una ocasión un veterano general prusiano me reconoció, habíamos luchado en el mismo frente treinta años antes. No tuve problemas para decir que yo era mi propio hijo, por paradójico que parezca. El general Zimmermann me ayudó a conseguir una nueva identidad y un hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No podía permanecer durante más de diez años en el mismo sitio, ya que la gente comenzaba a sospechar. Mentiría si dijera que mi condición no me ha acarreado problema alguno en mis más de tres siglos de existencia. He tenido problemas con gobiernos, mandatarios, militares, incluso con la mismísima inquisición. Cuando los problemas afloraban, no me quedaba más remedio que poner pies en polvorosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En febrero de 1933, comenzó la etapa de mi vida de la que más me avergüenzo. Aquel año, había conseguido trabajo de bombero en Berlín, me hice pasar por un vienés curtido en el frente, mi forma física era envidiable y conté con la simpatía del capitán Weimar, a quien conocí en una cafetería dos días antes. Era la segunda vez que vivía allí, la primera tuvo lugar casi ciento cincuenta años atrás. El caso es que el 27 de febrero de aquel año se incendió el Reichstag, el edificio donde se alojaba el parlamento alemán. El partido Nazi, con Hitler a la cabeza, culpó de los hechos a un neerlandés llamado Marinus van der Lubbe. Fui yo precisamente quien dio la voz de alarma de que una persona andaba medio desnuda agachándose detrás del edificio. Aquello fue el desencadenante del advenimiento del Partido Nazi al poder y por ende, de la Segunda Guerra Mundial. Van der Lubbe murió un año después guillotinado en la prisión de Leipzig, por mi culpa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me avergüenzo pues, de haber sido uno de los millones de alemanes que se enroló en el bando Nazi, intentando salvaguardar la gloria de la nación al mando del Führer Adolf Hitler. Luché en varios frentes con las Schutzstaffel (SS) durante algún tiempo y conseguí varias menciones especiales. Por ello se me fue concedido un puesto en el campo de concentración de Auschwitz de la mano del mismísimo Heinrich Himmler. Era el mandatario directamente inferior al tristemente conocido Rudolph Hoess. Cuando llegué allí, mi vida dio un vuelco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El campo de exterminio era un punto terminal. Donde trasladaban a los prisioneros a morir. Muy poca gente salió viva de aquel infierno. Yo estaba destinado precisamente en Auschwitz II (Bikernau). En aquel campo tuvo lugar la mayor masacre de la historia contra judíos y gitanos. El campo llegó a albergar a 100.000 prisioneros en un momento, muchos de ellos usaban las rejas electrificadas para suicidarse. Niños, mujeres, ancianos, gentes de todas las etnias y de todas las nacionalidades fueron a parar allí, y no tuvieron ninguna opción de escapar. Conocí incluso al Doctor Josef Mengele, quien experimentó con muchísimos prisioneros y escribió uno de los capítulos más horribles de la historia universal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En septiembre de 1941, fui el encargado de realizar las primeras 11 pruebas del gas Zyklon B, en las que murieron 850 prisioneros polacos y rusos. Las pruebas fueron consideradas exitosas, y se comandó a los prisioneros a construir una cámara de gas y un crematorio. Cuando ví lo que había hecho, me dirigí a mi casa, a pocos metros del campo y vomité hasta la bilis. Acababa de ser partícipe de una matanza de dimensiones astronómicas e, iluso de mí, no sabía que aquello era nada más que el principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo el día después de aquellas pruebas, no pude soportarlo más y huí en busca del frente francés, mis honores me permitieron cruzar rápidamente el país, sin apenas descansar ni un momento. Crucé Alemania entera con coches del ejército y pude comprobar de un solo barrido que la nación por la que estaba dando todas mis fuerzas estaba siendo destruida. Había familias destrozadas, casas derruidas e ilusiones enterradas a lo largo de los miles de kilómetros que recorrí aquellos días. Aquello, me hizo recapacitar y darme cuenta de que el término nación era una palabra caduca, a punto de ser enterrada. En trescientos años de vida, había pasado por infinidad de países que no dejan de mutar como una mariposa. Por el contrario, el resultado no es tan bello como el símil de la mariposa y el mundo se recrudece cada vez más. Las guerras van a peor, la humanidad cruje y la fractura es inminente. Quizás lo que el mundo necesita es una invasión alienígena. De ese modo dejaremos de un lado nuestras diferencias y nos uniremos en contra de un enemigo común y más poderoso. De ese modo nos daremos cuenta de que todas las divergencias del universo son nimias&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cincuenta kilómetros antes de la frontera deseché mi uniforme y me vestí como alguien de a pié. Por aquel entonces ya se conocía mi deserción, era un criminal de guerra más y se me buscaba vivo o muerto. Ilusos… Me crucé con un control del ejército Nazi antes de la frontera con Francia, en Kaiserslautern. Les informé de que me dirigía al pueblo de Saarbrücken a visitar a mis padres. Cuando me pidieron identificación aceleré el coche que había robado el día anterior en Köln bajo requerimiento militar. Cuarenta kilómetros antes de Saarbrücken atajé por un camino forestal. Podía sentir su aliento en el cogote. Sus gritos y disparos alertaron a las poblaciones por las que pasamos en la casi media hora de persecución. Antes de cruzar un puente de madera decidí bajar por si cedía ante el peso de mi coche. Los soldados pararon en la entrada del puente y me dispararon, me dieron en plena cabeza y caí sobre la barandilla del puente. Acto seguido caí al vacío. Fueron casi veinte metros de caída libre que, paradójicamente, me salvaron la vida. Tras el disparo, cerré los ojos y aunque parezca mentira disfrute del sonido que producía mi cuerpo estrellándose contra el suelo. Mis perseguidores informaron a sus superiores, y confirmaron que el traidor al Reich, había muerto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hubo suerte y a la mañana siguiente desperté entre un zarzal. Aunque no sea capaz de morir, los miles de arañazos que me provocaron las zarzas me dolieron como mil millones de demonios pinchándome con sus tridentes ígneos en las partes más púdicas de mi cuerpo. Cuando salí, derrotado, caí desmayado debajo de un árbol. Había conseguido llegar a Francia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos días más tarde desperté en un sanatorio en la localidad francesa de Saint-Avold. Los médicos no se explicaban cómo podía haberme desmayado y llevar dos días durmiendo si las constantes eran normales. Era como si estuviera sumido en un sueño del que  me costaba despertar. La policía llegó, y vio que no tenía documentación. Les conté todo lo que sabía sobre el exterminio Nazi, y me hice pasar por un huido. Les noté en la cara que no me creían, pero las noticias que les llegaban sobre el frente eran confusas. Muchos años atrás había vivido en Francia, por lo que conocer el idioma me fue de gran ayuda para seguir adelante y los gendarmes y el personal del sanatorio donde me encontraba pronto conectaron bien conmigo. En el tiempo que estuve en Sant-Avold llegué a ser bastante conocido. Me llamaban “L’Étranger” y mi nueva identidad comenzaba a fraguarse en un nuevo lugar. Sant-Avold no era un pueblo muy grande, y muchos de los propietarios de las tierras tuvieron a bien contratarme para trabajar en la cosecha. Mientras tanto, pocos kilómetros al noreste la guerra proseguía, ajena a mí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguía sin querer disfrutar de la compañía de ninguna mujer, a pesar de que en Sant-Avold una mujer viuda y entrada en años me ofreció su compañía. No tuve más remedio que aceptar, la guerra es una situación convulsa y casándome con ella conseguí un pasaporte francés. Ella murió, como todo aquel que permanece algún tiempo a mi lado, a los tres años de casados de una manera muy apacible, mientras dormía. Paradójicamente, aquello sucedió una semana después de la fiesta de celebración del fin de la guerra, en 1945. Así que por lo menos, sé que dejó este mundo con una sonrisa en los labios. Durante el tiempo que estuve con ella no tuve que simular, ya que era bastante mayor para tener hijos y murió de causas naturales. Me hizo muy feliz en aquella época, y casi consiguió hacerme olvidar el calvario que había sufrido algunos años atrás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando Marie dejó este mundo, yo decidí hacer lo propio con Francia. Doné la herencia que me dejó Marie a la escuela del pueblo y me marché con mis ahorros a Inglaterra. Viví en Londres durante otros cinco años. Un mes después de llegar viví un momento memorable, me reencontré con un grupo de refugiados en Auschwitz a los que había ayudado años atrás y que habían escapado de aquel lugar. Guardo un lugar especial en mi corazón a Davinia, una niña polaca que tenía ocho años cuando llegó al campo. A escondidas les daba comida a ella y a su madre dado el estado de desnutrición que presentaba la pequeña. Ahora Davinia estaba hecha una auténtica mujercita, ella apenas me recordaba, pero sus ojos reflejaban la misma esperanza que entonces. Una esperanza que dio fuerzas a su madre para hacerla sobrevivir a costa de su propia vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ellos me reconocieron y no parecieron percatarse de que nueve años más tarde, mi rostro juvenil tan solo había sido endurecido por el paso de la experiencia, que no por el tiempo. Tuvieron un gesto de gratitud conmigo que aún hoy guardo en mi corazón. En aquel entonces yo vivía en pensiones de mala muerte, intentando no gastar mucho dinero y buscando un trabajo, que por el desconocimiento del idioma me costaba encontrar. Mis noches transcurrían entrecortadas por las luchas con las ratas y fue quizá la primera vez en mi vida en el que la melancolía casi se adueña de mi ser. Al final, en el muelle de carga de un mercado, coincidí con mis amigos polacos, y me ayudaron a conseguir un empleo, incluso me llevaron a su casa con ellos. Era un piso alquilado donde vivían 5 familias, exiliadas polacas todas ellas. Me consiguieron un rincón en el pequeño salón de la casa victoriana y ahí empecé una nueva etapa de mi más que larga y gris existencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi vivencia en Londres duró apenas dos años. Me preocupaba estar demasiado tiempo con la misma gente. No quería que se acostumbraran demasiado a mí, porque tarde o temprano me iba a tener que marchar. En el año 1950, me enrolé en un buque mercante rumbo a Estados Unidos. La tierra de la libertad, la llamaban. Para mí fue algo por el estilo. Aquí he encontrado la tranquilidad y la manera de sobrevivir aunque sea de una manera poco ortodoxa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta historia tiene su comienzo. En el buque me hice muy amigo de mi compañero de tareas, Tony, intimamos tanto que me contó que era miembro de una familia mafiosa en Estados Unidos. Presumía de que cuando llegáramos a tierra, no tendría nada de qué preocuparse. Entablamos una buena amistad. Más allá de sus actividades, Tony era una persona culta con la que daba gusto conversar. Venía de estudiar en un colegio privado en Italia y se iba con su padre a la tierra prometida a disfrutar de los placeres de la vida. En el buque, además, había como dos bandos. El primero lo formaban los marineros propiamente dichos, el segundo los que simplemente queríamos huir de Europa para siempre, y nos habíamos enrolado en el barco con los peores trabajos. Tony y yo nos encargábamos de la lavandería.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada más pisar suelo estadounidense, nos vimos envueltos en una trifulca Tony, algunos italianos más y yo. El tiroteo había sido provocado por miembros de una familia rival. Yo conseguí llegar al otro lado rodeando los contenedores del muelle y le arrebaté el arma a un miembro rival y, temiendo por mi vida, me quité de en medio a los otros dos a disparos. Minutos después la policía apareció y se encontró a los tres miembros rivales muertos en el suelo. Dedujeron que se habían matado entre ellos. Los problemas entre la mafia no era asunto policial de primer orden.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la casa del padre de Tony, el Don de la familia. Le explicó lo sucedido. Agradecido, me propuso que cualquier cosa que pudiera hacer por mí, la haría. Que su gratitud y la de toda la familia hacia mí sería eterna. Entonces vi el cielo abierto. Les insté a que se sentaran y comencé a relatar una historia que comienza en el siglo XVII, y que acaba en los muelles de carga del puerto de Nueva York en los años cincuenta. Atónito, el Don se levantó y se dispuso a echarme de su casa. No podía tolerar que me burlara de él y temí que mi plan se fuera al garete, así que impulsivamente saqué el arma que aún guardaba en el bolsillo interior de mi chaqueta y me disparé en el tórax.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Boquiabiertos, la mafia se puso a funcionar, tenían mi arma y pensaban que podrían simular un suicidio abandonándome en un parque, el alba despuntaba y dejarían mi cadáver por la noche en Central Park. El Don, aún patidifuso pidió a sus hombres que escondieran mi cuerpo en el interior de un coche, que esperaran al anochecer y que me abandonaran por ahí. Unas 12 horas después, sentí el motor del coche en cuyo maletero me encontraba arrancar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La noche había devorado Central Park. Los mendigos preparaban los cartones para pasar la noche. Entraron por la 105 con Central Park oeste. El trayecto apenas duró 10 minutos a toda pastilla desde Little Italy. Cuando abrieron el maletero los estaba esperando. Tony y otros dos hombres más gritaron de horror y me apuntaron con sus armas. Intenté que se tranquilizaran pero estaban completamente aterrados. Uno de ellos temblaba, su cara blanca como el marfil competía con los globos de las farolas. Tony estaba en shock, me miraba boquiabierto incapaz de articular palabra. El otro hombre directamente tiró el arma y se puso a rezar mientras lloraba a moco tendido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para mí esto era ya algo normal, no esperaba que los pobres hombres se asustaran tanto. Así que intenté alzar la voz por encima de lamentos tipo: “Santa Madonna!!”, “Ma che cossa!!” o "non può essere, è impossibile". Al final, los convencí de que no era un demonio y de que me volvieran a llevar ante el Don para explicarle lo sucedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando aparecí en casa de Tony, el Don por poco se muere de un infarto. Tardó varios minutos en librarse del ataque de ansiedad que le entró y entonces se sentó frente a mí con expresión de asombro y procedí a contar mi historia. Visto lo visto, el Don asintió y no tuvo más remedio que creerme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada diez años me reunía con un el padre de Tony. Las últimas dos reuniones las he tenido que mantener con Tony en persona. Un ajuste de cuentas me hizo temer lo peor, aunque el hijo heredó el cargo. El tema de la confianza en las familias de la mafia me hizo ver un rayo de esperanza en mi situación, y tenía todas las cartas sobre la mesa. Gracias a ello, ahora disfruto de una comodidad y una necesidad de emigrar menor que en años atrás. Hoy en día la sociedad norteamericana es tan homogénea, que puedo pasear por la calle convertido en un anónimo más. Todos tenemos la misma cara, todos pasamos desapercibidos para todos. Vivo en un apartamento de un rascacielos enorme, entro y salgo por la noche, nadie me ve, soy una sombra. Soy una presencia etérea que se desvanece de cualquier lado que pisa. Soy… poco más que un fantasma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestras reuniones, le facilitaba al Don unos datos precisos que luego contendría mi pasaporte, ficha civil, permiso de trabajo, libro de familia y, en definitiva, todo lo necesario para vivir sin levantar sospechas. Levantamos un acta de nacimiento, de un hijo mío que lleva mi nombre, que ha ido estudiando y viviendo en Estados Unidos desde entonces, veinticinco años después, creamos un acta de defunción a mi nombre y una nueva acta de nacimiento de mi “nieto”. Y empecé a hacerme pasar por mi “hijo”. Los contactos de la mafia en el registro civil de la ciudad de Nueva York hicieron posible esta tapadera. No sé cuánto me durará. Lo que está claro es que la mafia no durará eternamente. Sin embargo llevo trescientos cincuenta años sobreviviendo. Lo volveré a conseguir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que llegué aquí me ha fascinado como la gente pasa de ser pobre a amasar una fortuna inmensa. Nada más llegar, el padre de Tony me puso mi apartamento, a nombre de una de sus múltiples sociedades y me dio una buena cantidad de dinero. Yo la invertí en estudiar. Fui uno más de esos extranjeros que buscaban un futuro mejor aprendiendo el idioma y cultura general. Pero yo no quería parar ahí. En el año 1969 me titulé en economía por la universidad de Nueva York. Un poco más tarde el hombre puso el pie sobre la luna, algo impensable para mí cuando adquirí esta condición eterna. Comencé a trabajar en unas empresas con sede en Nueva York, y estuve durante veinte años pidiendo el traslado a diferentes sitios y optando por nuevos trabajos. Tenía que eliminar de mi curriculum algunas empresas donde había trabajado, y el Don facilitó que mi “hijo ficticio” también estuviera titulado en la misma materia, pero logré pasar desapercibido al mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un momento, dejadme disfrutar del momento más feliz de mi vida. Hace tres meses volví a pedir el traslado. Trabajo para Valcanoil S.L. y tengo un bonito despacho en la planta 80 en una de las torres gemelas. Hoy es 11 de Septiembre de 2001 y tengo un avión a cinco metros de mi cara. La gente está corriendo despavorida, van a morir todos, absolutamente todos. Ellos lo saben, yo lo sé. No tenemos ni puñetera idea de lo que está pasando, pero en América, amigos, todos los sueños se cumplen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los que me han achuchado hoy: Berts, Maru, San, Nico, MariaN, Rapero de mierda, Luni e Ire. Y a Frasquito por entender de historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;:)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;object width="425" height="344"&gt;&lt;param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/YjzIBI3jkKY&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;"&gt;&lt;param name="allowFullScreen" value="true"&gt;&lt;param name="allowscriptaccess" value="always"&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/YjzIBI3jkKY&amp;amp;hl=es_ES&amp;amp;fs=1&amp;amp;" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;/object&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-5304500017419337028?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/5304500017419337028/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/12/eternidad.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5304500017419337028'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5304500017419337028'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/12/eternidad.html' title='Eternidad'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-530418676112024088</id><published>2009-11-03T14:09:00.003+01:00</published><updated>2009-11-03T14:16:59.570+01:00</updated><title type='text'>Donde quiera que me arrastre</title><content type='html'>¡Hola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy os quiero dejar un cuento que escribí cuando aún iba al instituto, es el primero de mi corta carrera en esto, así que espero que no seais muy crueles. Reconozco los fallos pero lo he dejado así tal cual, que tiene su encanto. Esta pieza data de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;2005 &lt;/span&gt;y en ella ya se aprecian un poquito mis primeros pinitos con la criminología, que hoy se ha convertido en sujeto de estudio y pasión para mí. En aquel entonces no le redacté ninguna clase de dedicatoria, pero hoy por hoy, la temática del cuento la merece. Os dejo con ello!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio R.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;"A mis pequeñas cortavenas, por las muchas fiestas que nos quedan por pegarnos juntos..."&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;___________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La imagen que se reflejaba en el espejo parecía una triste caricatura de un hombre que acababa de perder toda esperanza en el mundo, sin embargo, las sombras la hacían parecer grotesca. El color pálido de su rostro, las líneas de la cara, la gran nariz que todo el mundo insultaba, comparándola con las figuras Moai de la Isla de Pascua y la gran frente denotaban la expresión de un hombre hastiado de vivir. La bombilla que estaba situada encima del espejo le daba cierto brillo a sus ojos, pequeños y azules. La miraba fijamente, en ocasiones normales le hubiera molestado a la vista, pero en aquella ocasión no le importaba nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sebastián Ramos se encontraba de pie, con expresión ausente y desaliñado, vestido con solo unos calzoncillos de rayas, de esos antiguos que llegan hasta los tobillos. No sabía por qué los tenía. El simple hecho de poseerlos le parecía absurdo. A pesar de todo allí estaba él, con lágrimas recorriéndole una cara poblada de barba de hacía varios días, completamente despeinado, lo que hacía que pareciera que acababa de levantarse. Sin embargo, no se había levantado hacía poco, eran las nueve de la noche, llevaba encerrado en el cuarto de baño del piso que poseía en Córdoba cerca de diez horas, y aquello no le gustaba, su mujer ni siquiera se había molestado en preguntarle por qué se encontraba allí. Harto de todo, Sebastián cogió un tarrito de pastillas, de esas que el doctor Castrillo le había recetado para sus intensas cefaleas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cogió el tarro y lo interpuso entre la bombilla encendida y sus ojos diminutos y miró las pastillas a contraluz. Se preguntaba cómo una pastilla puede curarte y tantas pueden aniquilarte en cuestión de minutos, quizá menos. En realidad Sebastián no sabía mucho, había dejado por imposible el colegio cuando tenía quince años y consiguió un trabajo en un almacén de bebidas alcohólicas. Quizá por ello había adquirido tan prematuramente la adicción al alcohol. Aunque en aquel momento no se encontraba bebido, sabía que mezclando alcohol con pastillas aliviaría más rápidamente su sufrimiento, y quizá se enteraría menos, su enclenque cuerpo no resistiría aquella mezcla letal. Pero no tenía valor para ello. Habría vomitado lo poco que tenía en el estómago al más ligero roce del coñac con sus finos y secos labios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sebastián, o Sebas, como todo el mundo le llamaba a pesar de que a él no le gustaba demasiado, pensaba acabar con todo. Estaba cansado de que su mujer, Laura, tuviera que aguantar su absurda enfermedad. Por ello se encontraba allí, de pie, frente al sucio espejo, que daba la apariencia de llevar siglos sin haber sido limpiado, con un tarro de cincuenta o sesenta pastillas, inservibles, pues Sebastián había comprobado repetidas veces que no aliviaban su enfermedad en absoluto. Vació el tarro en su mano y lo arrojó al suelo, todavía quedaban dos pastillas en el tarro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el resto de su contenido en una mano Sebastián se quedó mirando durante lo que a él le pareció un minuto, pero que en realidad fueron quince. Las cápsulas rojas y blancas se agolpaban en la palma de su mano, entonces pensó que se parecían a la escuadra de la muerte que aparecía en aquella película que había visto hacía tan poco tiempo con su mujer.  El mero hecho de acordarse de Laura le provocó una terrible desesperación. Se metió las pastillas en la boca, pero no se las tragó. Dejó la letal masa de pastillas derritiéndose en el interior de su cavidad bucal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    Esto se acabó, no puedo más con esta existencia – pensó. Debo deshacerme de mí, Laura, quizá todavía puedas rehacer tu vida. No te merezco. Tú deberías tener algo mejor, alguien que te corresponda adecuadamente, no un simple almacenista que se gasta las perras en alcohol, y que para más inri es incapaz de darte un hijo. No puedo, Laura, debo librarte de mi carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, en el último momento, a Sebastián se le agolparon buenos recuerdos de su vida conyugal. Cómo había conocido a su esposa, en una discoteca, mientras que ella lloraba porque un chico la había dejado. Sintió como se había enamorado de ella en el instante mismo en que la vio con lágrimas deslizándose por sus mejillas sonrosadas, arrastrando el maquillaje hacia su barbilla o cómo aquel verano de 1984 pudo por fin comprar un piso propio. En esa diminuta fracción de segundo a Sebastián le dio tiempo a dirigirse hacia el retrete y escupir lo que tenía en la boca.. Después de una sonora arcada. Sebastián Ramos, demasiado cobarde como para tragarse un simple puñadito de pastillas, se bebió casi un litro de agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viento aulló a través de la desvencijada ventana, meciendo lentamente lo que quedaba de unas viejas cortinas, deshilachadas y carcomidas por aquella constante humedad reinante. El sonido de un sonoro suspiro cortó al instante el monótono silencio. Sebastián se sintió de nuevo invadido por unos fuertes instinto suicidas. Pero ya no quedaban pastillas, al final habían servido para lo que él creía que le iban a servir: para nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miró en derredor buscando una manera fácil y rápida de morir. Ardua tarea, pensó. Tardó un interminable cuarto de hora durante el cual pensamientos suicidas escarbaron en lo más profundo de su mente. Al final se decidió y abrió el grifo de la bañera. El agua comenzó a fluir de una manera irregular y estrepitosa. Laura le había dicho hacía bastante tiempo que debía arreglarlo, que la cal no dejaba pasar el agua, pero como siempre, él no le había hecho el menor caso. Prefirió dejar correr los minutos en el bar en compañía de un buen whisky a arreglar un grifo. Alargó el brazo hacia encima del mueble del espejo, donde había situado años atrás un radiocasete eléctrico que ya no funcionaba, confiaba en que sus anticuados circuitos fueran capaces de conducir la suficiente electricidad como para que aquella bañera se convirtiera en su baño eterno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con un ruidoso golpe apartó los botes de champú y gel de baño que había sobre una estantería encima de la bañera, ésta, aún llenándose, iba por la mitad de su capacidad. Colocó el transistor, que siempre había sido demasiado grande para llevarlo de una habitación a otra sobre la estantería de la bañera y le ató una cuerda transversalmente, lo suficientemente larga como para poder tirar desde la bañera. De este modo la electricidad atravesaría su cuerpo en menos de lo que canta un gallo. Sebastián enchufó el transistor y se metió en la bañera sin desvestirse, pensó que no lo necesitaba, al fin y al cabo prefería que cuando la policía entrara en el cuarto de baño lo encontrara vestido. Ya no tendría nada de lo que avergonzarse, pero, ¡qué demonios! Muere joven y deja un cadáver bonito se suele decir, ¿no? Agarró la cuerda con tanta fuerza que se clavó las uñas en las palmas de las manos. Antes de tirar de la cuerda puso a funcionar su mente, que de hecho nunca había funcionado mucho.  Sebastián nunca había tenido demasiadas luces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese preciso momento, Sebastián cerró los ojos y pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    Perdóname Laura, creo que esto es lo mejor para los dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, la bombilla que encumbraba el espejo que solamente reflejaba su propia suciedad se apagó sin que Sebastián se diera cuenta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    Hasta siempre, te prometo que cuando llegue a “ese otro lugar” estaré siempre pendiente de ti y te cuidaré. Pensaré mucho en ti y te esperaré, Laura, te esperaré.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tiró de la cuerda y mientras el transistor caía en un segundo que se le antojó una eternidad, se le pasaron por la cabeza todos los momentos, malos y buenos de su vida, desde que nació en el pueblo hasta hacía un solo minuto cuando se metió las pastillas en la boca. Entonces Sebastián abrió los ojos y se dijo “¿Esto es estar muerto? “ Pero no había muerto. Justo un momento antes de tirar de la cuerda, el suministro eléctrico se había cortado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se levantó de la ducha, absolutamente empapado y con un semblante de furia que había aterrado al mismísimo Satanás. Se asomó a la ventana, que tan rota estaba que era de todo menos ventana y se puso a maldecir a los operarios de la compañía de electricidad. La neurosis es una alteración mental caracterizada por la presencia de un alto grado de ansiedad. El miedo y las obsesiones, relacionadas con factores conflictivos, personales o ambientales, dominan al afectado y le provocan un verdadero sufrimiento psíquico. Y en ese momento la neurosis de Sebastián estaba elevada a la enésima potencia. Tanto y tales cosas dijo que un operario de los que estaban revisando los contadores de la calle le arrojó unos alicates que no le dieron, pero que rompieron el cristal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba desesperado, la sangre de sus venas parecía querer avanzar toda por el mismo sitio, las sienes le palpitaban, estaba a punto de estallar. Entonces se le ocurrió la idea perfecta. Las venas. Lo había visto muchas veces por la tele pero no se le habría ocurrido ni en un millón de años. Por lo que sabía, había que cortarlas de manera longitudinal, desde la muñeca en dirección al codo. Dicho y hecho, Sebastián cogió una cuchilla y se dispuso a acabar con su vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo vio tan claro, que se puso a pensar en su mujer, Laura y se dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    No pienso seguir con esta farsa, Laura, cariño. Ya no tendrás que aguantar esta estúpida enfermedad que me lleva por la calle de la amargura. He intentado rehacer mi vida demasiadas veces. Lo que ahora importa es acabar con esto de una maldita vez. No quiero reconocerlo, pero con mi egoísmo te he anulado Laura, tu eres demasiado sensible y yo… yo soy demasiado cobarde. Tengo que poner fin a esto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces puso el afilado borde del trozo de cristal sobre su muñeca izquierda y la miró fijamente. Sus dientes de fumador empedernido, siempre demasiado amarillos comenzaron a chirriar. Algunas gotas de sudor frío recorrieron su frente. Justo después de aquello, se dio cuenta de que lo que había dicho anteriormente era un absoluto sinsentido. No era demasiado tarde, aún podía estar a tiempo de cambiar, de rehacer su vida. Volvería a ser aquel hombre alegre que era antes. Se levantó sintiéndose un hombre nuevo. “Ya lo creo que puedo cambiar”, se dijo. Abrió la puerta del cuarto de baño ruidosamente y  mientras recorría el pasillo lo invadieron diversos pensamientos. Pensaba en cómo rehacer su vida. Se peinaría y buscaría un trabajo mejor. Quizá incluso se dedicaría a estudiar por la noche para mejorar, pero lo primordial para él era arreglar las cosas con su mujer, así que gritó, mientras corría a toda velocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-    ¡Laura! ¡Laura! Empezaremos de nuevo, aún hay tiempo, Laura…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrió la puerta de la habitación de Laura, hacía tiempo que ya no dormían juntos. Y allí estaba ella, mirándolo con los ojos abiertos como platos, la desordenada habitación se sumía en una media penumbra aterradora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí que era demasiado tarde. Joder si lo era. La soga que abrazaba el cuello de Laura desde la que oscilaba como un péndulo  pendida del techo hacía que su rostro adquiriese un tono azulado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sebastián contemplaba atónito la situación. Con expresión triste pensó: “Nada volverá a ser como antes. Donde quiera que me arrastre, nada será igual. Donde quiera que me arrastre… Y poco a poco su voz se fue apagando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;[…]&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos meses más tarde, la vecina del piso superior avisó a la policía alertada por el olor. Pensaba que Laura se había largado, harta del imbécil de su marido y que Sebastián había caído en depresión y ahora tenía síndrome de Diógenes o algo así. Se veía en las noticias muchas veces, y era típico de aquel gilipollas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La policía llegó al cabo de unos veinte minutos más o menos. La comisaría quedaba un poco retirada del lugar de los hechos. El silencio sepulcral que contestaba a sus inquisitivos gritos de “¡Policía, abra la puerta, por favor, o tendremos que derribarla!” sirvió de antesala al golpe seco que quebró los goznes de la puerta y la derribó. Lo que dio paso a aquella secuencia de acciones fue una escena que, como confesarían poco después, nunca habían presenciado. Los dos cadáveres estaban en la misma habitación, en avanzado estado de descomposición. El que pendía del techo parecía ser una mujer. Una rata con expresión triunfal trepaba por la puerta como el alpinista que corona su primer ocho mil. El otro parecía un hombre y su expresión era grotesca. Estaba rodeado de velas consumidas y todo su cuerpo parecía estar cubierto por cicatrices que conformaban la misma frase una y otra vez, como si fuera un macabro grafiti. El estado de descomposición del cuerpo y la irregularidad de las letras hacían casi imposible su lectura. Un forense diría después que la escritura había sido realizada en vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un agente novato entró, intentando demostrar su valía, miró la escena y cuando se dio la vuelta emitió un grito ridículamente agudo. La pared donde estaba la puerta, justo enfrente del cadáver del hombre estaba recubierta con la misma frase una y otra vez escritas con sangre, en ellas se repetían aquellas cuatro palabras que aquel agente novato tardaría en olvidar y que poblarían sus más aterradores sueños durante muchísimo tiempo… “Donde quiera que me arrastre… donde quiera que me arrastre…”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-530418676112024088?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/530418676112024088/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/11/hola-hoy-os-quiero-dejar-un-cuento-que.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/530418676112024088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/530418676112024088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/11/hola-hoy-os-quiero-dejar-un-cuento-que.html' title='Donde quiera que me arrastre'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-4886227788839476040</id><published>2009-10-28T15:44:00.000+01:00</published><updated>2009-10-28T15:55:53.297+01:00</updated><title type='text'>Redención</title><content type='html'>¡Hola!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bienvenidos a Redención, el nuevo relato que estoy escribiendo, y del que aún no tengo la más minima idea de como va a terminar. Si me seguís vais a poder experimentar como creo este Frankenstein poco a poco y como varían sus partes dependiendo de como me vaya el día. En principio tengo pensado dividirlo en unas diez partes. Aquí va el primero a modo de presentación. Espero que os guste :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sergio RV&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;______________________________________________________________________________________________________________________________&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;I. PRELUDIUM&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luces estivales que se apagan. El sol se diluye en el horizonte oceánico en un macabro guiño que me recuerda que estoy allí para acabar con todo. Recuerdos se agolpan en mi mente sin control, tras treinta y cinco años de fracaso tras fracaso he acabado con lo que más quería en el mundo. Mi amor de adolescencia  y once años de matrimonio han volado de un plumazo cruel y sombrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuánto ha durado todo? ¿Horas? ¿Minutos? …&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué se yo? Todo aquello fue el despertar de una pesadilla, un macabro juego del destino impreso en mi mente que no acabo de  comprender. Sin embargo, un pequeño resquicio de –“¿recuerdo?” – aún permanecía impregnado a mi piel, como restos de colonia barata tras una noche de alcohol, drogas y desenfreno. No sé qué sucedió, lo juro, pero… está todo tan claro… todas las pruebas permanecen en pie como peones de ajedrez frente a mí. Irrefutables, indelebles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los cangrejos me miran con curiosidad. A veces creo que las criaturas más afortunadas sobre la faz de la tierra son aquellos animales que no alcanzan a sentir lo que pasa a su alrededor como lo hacemos nosotros. Ellos no se tienen que preocupar de destino, trabajo, amigos, familia y demás. Viven para comer, comen para vivir, interaccionan en colonias en las que la mayor de sus preocupaciones son los apareamientos, poco más… Sin embargo, el ser humano está sumido en un continuo stress cuyos tentáculos te rodean poco a poco. Si por casualidad esos tentáculos te llegan a rodear la cabeza… se acabó el juego, amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede que la vida me viene grande, la providencia me ha regalado miles de momentos de alegría que mandé a la mierda sin ni siquiera saber por qué hace una semana. He sido yo, ha sido por mi culpa, no tengo perdón… &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vuelvo a mirar el horizonte, el horizonte me devuelve la mirada y entonces  se que ya ha llegado mi momento. Miro abajo, algo más de 300 metros me separan de la eternidad. Con un poco de suerte mi cuerpo quedará a merced de las olas y de la fauna marina. Qué ironía… voy a servir de almuerzo al mismo cangrejito que hace un momento pasaba por mi lado con prisa. Qué me importa ya...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ley de los cielos se cumple: “Polvo eres, en polvo te convertirás”…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-4886227788839476040?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/4886227788839476040/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/10/redencion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/4886227788839476040'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/4886227788839476040'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2009/10/redencion.html' title='Redención'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-5420813115729145981</id><published>2008-12-12T01:55:00.001+01:00</published><updated>2008-12-12T01:56:41.863+01:00</updated><title type='text'>Prom Night</title><content type='html'>Joder, que guarrada. Dije al observar lo que había liado en apenas veinte minutos. La culpa de todo la tenía la zorra de Mariló, mi novia por aquel entonces. Ese día me hallaba enfundado en una mierda de esmoquin azul celeste, alquilado por supuesto, no quiero que penséis que bajo mi propiedad había una prenda tan sumamente hortera. La razón de ir con semejante pinta de gilipollas también la tenía la puta de Mariló. “Ella”, presidenta del consejo escolar. “Ella” tan divina, tan rubia, con esos ojos tan azules. “Ella” tan deseada por todo el instituto, tan… Perfecta en todos los sentidos.&lt;br /&gt;Fue ella la que tuvo esa mierda de idea. “Prom Night”, joder, vaya americanada. Ni en los sueños del maricón más reprimido. Así que allí me hallaba, enfrente de su casa, esperando a la diva con un jodido ramo de flores en la mano. Eso sí que fue idea mía, qué joder, si vamos a una americanada que sea completa. Llamé al timbre y me abrió su padre. El muy hijo de puta se descojonó en mi cara.&lt;br /&gt;-          Joder Dani, ¿que te has puesto el traje de comunión de tu padre? Me escupió.&lt;br /&gt;-          Déjalo, Paco… déjalo. –Insté. Que la idea de vestirnos como los muñequitos de las tartas de bodas fue de tu hija. Las tías están entusiasmadas, pero yo vi en la reunión a más de uno que puso la cara del que se le murió el padre.&lt;br /&gt;En ese momento, Mariló hizo acto de presencia como si aquello fuera la más casposa de todas las películas americanas. Bajaba las escaleras con un vestido verde esmeralda ceñido a la cintura aderezado por un corsé que madre mía… Vaya par de tetas más impresionantes. En ese momento pensé: “Me la tiraba hasta que se me parara el corazón”. Mi relación con ella se basaba en el físico, ella estaba buena, pero era gilipollas. La soportaba básicamente porque la chupaba como una reina. Joder, si su padre hubiera mirado para abajo me habría visto la tienda de campaña montada y lista para usar, pero él estaba igual de absorto que yo o más. Se podía leer en su cara aquello de: “Joder, que putada… Esto es criar carne para otro”. Aquella zorra estaba lista para llegar y calentarle el rabo a todo el personal, era lo que mejor se le daba.&lt;br /&gt;Le ofrecí el ramo de flores con la mejor de mis sonrisas, la besé y le dije al oído “Estas preciosa cielo”. Detrás su padre me observaba con odio y celos. La saqué de su enorme casa, ni que decir que la chica rubia y guapa vivía en un chalet adosado de un barrio privilegiado, como en la más pija de las películas americanas. La metí en mi coche, un Peugeot 407 propiedad de mi padre y allí se acabaron por un instante las mariconadas, le metí la lengua hasta la campanilla y sopesé aquel par de melones hasta que me harté. Puse el primer disco que encontré en la guantera, “Burn my eyes” de Machine Head y mientras Rob Flynn berreaba “Davidian” a toda voz salí quemando rueda hacia el gimnasio del instituto.&lt;br /&gt;Aquel era nuestro último año. Segundo de bachillerato daba sus últimos coletazos y aquello era una especie de fiesta de despedida. Un ritual donde falsamente nos abrazaríamos y diríamos que somos los mejores compañeros que podríamos tener. Un pozo oscuro de hipocresía y cinismo donde la falsedad supuraría  hasta impregnar todo con el hediondo aroma de la mentira y la arrogancia. Mi idea era llegar, comer y beber como si no hubiera un mañana, largarme tempranito y llevarme a Mariló a una habitación de hotel que tenía reservada y hacer que no olvidara esa noche en muchísimo tiempo.&lt;br /&gt;En diez minutos me planté en el instituto y aparqué justo enfrente. Cruzamos y entramos en el instituto. La junta había contratado una empresa de catering que nos inflarían de bebida y canapés hasta que el queso Filadelfia y el paté de pato nos saliera por las orejas. En la puerta había bastantes compañeros armados ya con su copa de cava. Brindis de bienvenida. En cuanto pasó un camarero cogimos una copa y nos acercamos al resto de los compañeros.&lt;br /&gt;Tiene cojones que el primero en aparecer fuera Pablo Moreno, el tío más gilipollas y prepotente del instituto. Pablo era subnormal profundo. No tiene otro nombre. Jugaba al fútbol en el equipo local y poseía todas y cada una de las deleznables características que me hacen odiar a una persona. Chulería sobre el débil, aires de grandeza, pintas de pijo y flequillo. Se las daba de superior intelectual porque pertenecía a las juventudes del Partido Popular y era carne de candidato a la alcaldía de nuestro pequeño pueblo en un futuro no muy lejano. Pasó cerca de mi lado para saludar a Mariló, otra facha en potencia, como él, y nos dirigimos el mismo saludo de siempre:&lt;br /&gt;-          Hombre melenas, tú y tu preciosa novia por aquí.&lt;br /&gt;-          Hola facha de mierda, ¿tu madre bien no?&lt;br /&gt;Hizo amago de responder, pero se calló. Mariló había estado con él año anterior y me conto algún que otro chisme que me sirvió para pisarle la hombría la vez anterior. Al parecer, el pijito, católico, franquista y macho sobre todas las cosas no era tal y le gustaba que de vez en cuando exploraran su interior con algún que otro objeto. Tras el codazo y la mirada de reproche de Mariló de rigor, traspasamos la puerta y entramos a un gimnasio decorado al más puro estilo yanqui. Vomitivo todo.&lt;br /&gt;De repente algo perturbó mi tranquilidad. Mariló salió corriendo del gimnasio dejándome cerca de la entrada más solo que la una y con cara de tonto. Aturdido miré a un par de amigas suyas que la habían visto venir e irse y que tenían la misma cara que yo. Giré la cabeza y lo comprendí todo. En el centro de la pista, se alzaba majestuosa Paula Vega. Su larga melena morena  rozaba con las puntas su perfecto trasero enfundado en (¡Oh, sorpresa!) el mismo vestido que traía Mariló. “Joder”, pensé, di la vuelta y eché a correr tras ella hasta que la alcancé en el coche y llorando como una magdalena.&lt;br /&gt;Paula era su némesis particular. Era la única en todo el jodido instituto que le podía arrebatar su poderío ginecocrático. La única que aquella noche le podía joder el ser “The Queen of the Prom”. Manda huevos, yo en la reunión sugerí un botellón conjunto en el parque y mira con qué clase de mariconadas hemos acabado. Yo también odiaba a aquella tía, sus insultos habían llevado a una chica de clase tres años atrás al suicidio, ella la había matado indirectamente y todo el mundo hacía la vista gorda. Aquella zorra, estúpida y que vivía por y para chupar pollas era culpable de suicidio inducido y allí estaba, con el mismo vestido que mi novia pavoneándose delante de todo el instituto y enseñando escote. Para colmo, era novia del inútil de Pablo. Tal para cual vaya.&lt;br /&gt;Me costó trabajo, pero conseguí convencer a Mariló que volviera adentro. Bañándola en halagos y piropos hasta conseguir que sonriera. Tras decirme que era lo mejor que le había pasado en la vida, me cogió de la mano y volvimos adentro.&lt;br /&gt;De nuevo en el interior del gimnasio busqué a las tres únicas personas que realmente guardaba aprecio en aquella pocilga. Rubén Alcántara, más conocido como “Trasto”, Nicola Dominici, Italiano con acento de Utrera, para más inri y Julia Vázquez, una chica a la que amaba en secreto. Julia era una chica culta e inteligente que además de escribir las mejores poesías del mundo, (y yo tenía unas cuantas) era bellísima. Los cuatro juntos éramos un punto negro en un desierto de arena blanca. En el mar de pijos que era aquel baile, mis tres amigos estaban al final de la barra, dejé a Mariló con sus amigas y me acerqué a ellos.&lt;br /&gt;Salude a Trasto y al Italiano y di a Julia dos besos en la mejilla, uno de los cuales me rozó la comisura del labio. Note cómo se ruborizaba levemente y rompí el hielo con la frase del día:&lt;br /&gt;-¿No hay cerveza o qué?&lt;br /&gt;- Que agudo eres, hijo de puta. –Respondió Trasto. Claro, como Trasto es un borracho y no tiene cerveza en la mano es que no hay. ¡Pues no! ¡No hay ni una jodida cerveza en todo el puto gimnasio! –gritó con los ojos saltones. La cerda de tu novia decidió que la cerveza era una bebida muy poco elegante y solo pidió champán de los cojones y otras bebidas… como el Jack Daniels. – Dijo, cogiendo un vaso con whisky de la barra.&lt;br /&gt;Todos reímos y yo pedí otro whisky. Brindamos y charlamos sobre trivialidades durante un par de horas. Miré a mi alrededor y vi a la gente que iba a mi curso. Los noté cambiados. Eran maniquíes con máscaras compradas para la ocasión. Marionetas a las que manejaba la moda, el estilo, sus padres… la sociedad en general nos hacía ser como éramos. Intenté imaginar en como seríamos si no estuviéramos tan influenciados por los medios de comunicación y por la sociedad que nos rodeaba. En aquel mundo idílico no iríamos disfrazados de muñequitos sin rostro, donde lo que nos diferenciaba a unos de otros no era la ropa que llevábamos o la música que escuchábamos, sino nuestra verdadera personalidad. Personalidades que en aquel gimnasio se encontraban sepultadas bajo horas de MTV y de series de pena que creaban las directrices a seguir por todos. En aquel mundo, Víctor Lanza no estaría sentado al fondo del gimnasio con la única compañía de sus lorzas y su papada. En aquel mundo, yo no estaría con Mariló, estaría con Julia, mi alma gemela. Julia era la chica que me completaba, la que me haría sentir bien y sabía que algún día acabaría junto a ella. Me lo decía su mirada, las poesías que me escribía, la manera que tenía de hablarme y sobre todo la mirada láser con la que fulminaba a Mariló cada vez que la tenía cerca.&lt;br /&gt;Una de esas miradas me atravesó, y confirmando mis sospechas, me di la vuelta y Mariló caminaba hacia mí con aire ausente. Me agarró de la mano y  me llevó al centro de la pista. Por los altavoces comenzó a sonar una canción lenta. Imaginé que aquello era la americanada final, bailaríamos y todos votaríamos al más tonto y a la más puta, que serían el rey y la reina del baile respectivamente. Apenas llevábamos un minuto bailando cuando me dijo algo al oído: “Ven, quiero mostrarte algo” y nos dirigimos hacia los servicios. El pulso se me aceleró, no sabía que estuviera tan fogosa y que quisiera empezar tan pronto con la fiesta. Entramos en el aseo de señoras y cuando ya tenía media erección Mariló abrió la puerta del último de los váteres.&lt;br /&gt;Lo que vi me dejo con la boca abierta. En el váter y con cara de circunstancias estaba mi querida amiga Paula, joder quién la había visto y quién la ve, el profundo corte que tenía en el cuello era la salida para los litros de sangre que habían transformado su vestido verde en una alegoría de sangre primaveral. Los ojos vidriosos clavados en mi pechera, como si me estuviera mirando fijamente la horrible pajarita que llevaba eran un retrato de ausencia de vida. Mariló estalló en llanto y yo la miré con admiración, mi media erección se convirtió en erección completa y deseé tirármela allí mismo, junto a aquel convidado de piedra que era el cadáver de Paula. Me di una ducha de agua fría psicológica y empecé a pensar. Mariló era gilipollas, eso ha quedado claro ya, pero era mi novia joder. Además no quería anular mi cita con la habitación de hotel aquella noche así que decidí ayudarla.&lt;br /&gt;-¿Cómo cojones lo has hecho? - Inquirí.&lt;br /&gt;- Con un vaso roto. – Sollozó Mariló. Esa zorra lleva el mismo vestido que yo y lo ha hecho a posta, se ha burlado de mí aquí mismo y no lo he podido evitar. ¡La odio! Ayúdame Dani por favor. No sé qué hacer.&lt;br /&gt;Lagrimones como puños recorrían sus mejillas atraídos por la fuerza de la gravedad. Esa misma fuerza, me llevó a hacer lo que hice, creo. Aquel gimnasio estaba lleno de gente como Paula, gente superficial que no merecía vivir en el mundo idílico que deseaba y de pronto lo vi claro. Insté a Mariló a que se quedara encerrada en el váter junto al cadáver de aquella perra y salí de allí. En mi cabeza un torbellino de ideas empezaban a asentar el plan que, a pesar de trazarlo sobre la marcha parecía que llevaba tiempo pensado.&lt;br /&gt;Entré en el gimnasio, todo el mundo bailaba un vals abrazados, menos mis tres amigos, los “antisociales”. Les di las llaves de mi coche y les dije que fueran a mi coche, que íbamos a seguir la fiesta en mi casa del campo. Aceptaron encantados, aunque les hubiera dicho que nos íbamos a ir a comer mierda a mi casa hubieran venido conmigo, aquel baile les repugnaba. Salieron de allí y me dirigí al almacén del gimnasio. Cogí jabalinas y trabé las dos únicas puertas de entrada hacia la pista de baloncesto, donde estaba todo el mundo. El pasillo del lateral de la pista separaba ésta de los almacenes, los servicios y vestuarios, las oficinas y la propia entrada principal al edificio. Con una palanca conseguí romper el candado que daba acceso al almacén de los del módulo de jardinería. Me hice con un machete de grandes dimensiones, usado para cortar pequeñas ramas y dos garrafas de gasolina para la mula mecánica y las motosierras.&lt;br /&gt;Cargado como iba subí las escaleras hasta las oficinas, en el tercer piso, al fondo estaba la oficina del profesor de gimnasia, la puerta estaba entreabierta y un haz de luz apuñalaba la oscuridad existente. Solté las garrafas y armado con el machete repté hacia la puerta y me asomé por la rendija.&lt;br /&gt;Menudo hijo de puta. El subnormal de Pablo llevaba los pantalones por los tobillos mientras que Amanda Castilla le hacía la mamada de su vida. Amanda era la hija del director, todo el mundo sabía que era una zorra, pero ella era una zorra con clase, por lo que nadie se atrevía a tacharla de nada. Vaya dos, todo el mundo abajo, a punto de morir y el gilipollas de Pablo poniéndole los cuernos a su difunta novia con una zorra del mismo calibre. Manda huevos. Entonces decidí convertir la purificación en algo divertido.&lt;br /&gt;De una patada abrí la puerta y dije.&lt;br /&gt;-          ¡Vaya con Pablito! Una escena sexual sin nada metido en el culo, ¿eso es nuevo para ti, no?&lt;br /&gt;Mientras de su hedionda boca salía un maleducado “¡Pero qué coño estás haciendo, hijo de la gran puta!” Amanda había gritado y se había apartado de él, a una distancia suficiente para que yo le hincara el machete en el estómago y lo retorciera, cayendo de rodillas y desparramando sus tripas sobre el suelo de parqué. En un último estertor, algo casi cómico, Amanda recogía sus tripas del suelo intentando volverlas a meter dentro de su estómago ante la estupefacta mirada de Pablo, que al verme en éxtasis intento escabullirse por un lado sin ni siquiera subirse los pantalones.&lt;br /&gt;Lancé un tajo horizontal al aire con el que tan solo conseguí cortarle el brazo por debajo del codo. Mientras chillaba como una cerda en San Quintín, la gente seguía bailando abajo, abrazados, ajenos a lo que se avecinaba. Abrí el armario del profesor de gimnasia, aquel tío era un puto alcohólico, así que no me fue difícil encontrar seis botellas de vino en su armario, que fueron rellenadas de gasolina muy pronto, extraje jirones de tela de las cortinas y transformé lo que eran seis Ribera del Duero del caro en seis simples cócteles molotov. Mientras, Pablo agonizaba en el suelo, mirándome con los ojos fuera de sus órbitas. Lo cogí en brazos (no me hagas daño por favor) y lo tiré por la ventana interior, sobre el tejado de la pista de baloncesto. Volví a bajar al almacén y cogí las cuerdas que usábamos para saltar a la comba. La más larga medía unos seis metros, suficiente para comenzar la fiesta.&lt;br /&gt;La música cesó y temí que alguien quisiera salir y se me jodiera el invento antes de tiempo, pero comenzó a sonar otra balada y la gente siguió bailando. Eran como borregos los hijos de puta, los podías tener entretenidos horas y horas con una mariconada de baile y nadie se habría dado cuenta que llevaban cerca de diez minutos con las salidas bloqueadas. Volví a salir por la ventana de la oficina dejando atrás a una Amanda en una postura de muñeca de porcelana altamente macabra.&lt;br /&gt;En el exterior, el desmembrado había reptado algunos metros buscando (qué vas a hacer con... migo loco… hijo d-de… puta) no se qué, porque la caída de cerca de diez metros no se la quitaba nadie. Até una de las puntas de cuerda al pararrayos, y con la otra hice un nudo y lo fijé bien fuerte al cuello de Pablo sin cortarle la respiración, quería que disfrutara lo que pudiera del espectáculo. Abrí los doce tragaluces del techo, tres filas de cuatro que me daban un radio de acción estupendo para sanear aquel estercolero. Acto seguido embadurné la cuerda y el cuerpo de Pablo en gasolina. Ahora lloraba como una niña a la que han cruzado la cara de una bofetada, con los pantalones aún bajados, una cuerda alrededor del cuello y hediendo a gasolina. Me reí en su cara todo lo que pude y le escupí antes de tirarlo por el segundo tragaluz de la fila central. Abajo, Candy, una alumna bastante inteligente del instituto que el año siguiente iba a estudiar medicina en una universidad privada en Madrid sintió como una gota le cayó en la coronilla. Miró hacia arriba y profirió un grito que retumbó en todo el gimnasio y que consiguió parar hasta la música.&lt;br /&gt;Prendí la cuerda de la que colgaba ya inerte mi querido amigo Pablo y ardió en cuestión de segundos. Prendí del mismo modo la mecha de los cócteles molotov uno a uno y los lancé abajo. Los dos primeros a la masa que se arremolinaba en las dos entradas incapaces de abrir las puertas, varias personas ardieron como un fósforo en décimas de segundo al recibir la chispa y el baño de gasolina. Los otros cuatro los tiré en puntos estratégicos, mesas, adornos que llegaban al techo y demás parafernalia combustible. En apenas dos minutos el crepitar del fuego se escuchaba más que el griterío de la gente, y para entonces yo ya estaba apostado en la entrada principal con mi machete. El primero en llegar para intentar abrir las puertas fue uno de los camareros que había salido a fumarse un cigarro, aún sin cabeza logró dar dos pasos. Se la rebané con un certero tajo que entró limpiamente entre dos vértebras. Su arteria carótida eyaculaba sangre a una altura desmesurada.&lt;br /&gt;Dentro los cuerpos carbonizados de varias decenas de chicos se agolpaban a las entradas y los que se alejaban del fuego, sucumbían al sueño eterno por inhalación de monóxido de carbono. Pronto toda la vieja estructura de madera en llamas sucumbiría y se desplomaría sobre todos. Así quedaría sepultada toda aquella falsedad e hipocresía.&lt;br /&gt;El profesor Aragón asomó su bigote lo más rápido que sus ciento cuarenta kilos de peso le permitieron atravesar el parking. Le clavé el machete en la cabeza tan hondo que el filo cortaba hasta la mitad sus pabellones auditivos. “Como un buen disfraz de Halloween, ya que estamos con americanadas, sí señor”.&lt;br /&gt;-          ¡Pero qué coño has hecho desgraciado! - Dijo Mariló a mis espaldas, su tono denotaba reproche, qué ironía…&lt;br /&gt;-          Ayudarte, - Respondí. Me pediste antes que te ayudara, ¿no?&lt;br /&gt;Me miraba el traje azul celeste, completamente bañado en sangre. Los mechones de pelo, completamente ensangrentados también me caían sobre la cara. Mariló no pronunció palabra alguna. Salió corriendo como alma que lleva el diablo. Daba igual, no la necesitaba. Aquello no lo hacía por ella. Lo hacía por mí y por la humanidad, aquel era el primer paso para liberar a la sociedad de indeseables y dejar el mundo para gente pura y de pensamientos racionales, como yo. Un mundo perfecto para Julia y para mí. Escuché sirenas a la vez que un gran crujido. Salí del recinto del gimnasio, enfrente de mí, el patio y al fondo el parking.&lt;br /&gt;En medio del patio contemplaban la hoguera, boquiabiertos mis tres amigos. Un estruendo me obligó a volverme, aún se podía escuchar algún grito en el interior. El techo del gimnasio se desplomó cayendo sobre centenar y medio de adolescentes que murieron en el acto. Nadie sobrevivió, tan solo Mariló, mis tres amigos y yo. Mientras miraba con ensoñación los restos de mi obra fui derribado, esposado y conducido sin demora a un coche patrulla. Al pasar junto a Julia, noté en su mirada que me amaba.&lt;br /&gt;Joder, que guarrada. Dije justo antes de que me derribara el agente de policía. Aquella fue, según los periódicos, obra de un psicópata loco, sin remordimiento alguno que trató de reprimir los traumas de una infancia difícil matando a toda aquella gente. Que se jodan, no conocían a aquellos subnormales y no me conocían a mí. ¿Dónde están todos aquellos periodistas y expertos ahora?&lt;br /&gt;Me condenaron a una pila impresionante de años por 158 delitos de asesinato. Veinticinco he tardado en salir por buena conducta. Me encanta la justicia de éste país.&lt;br /&gt;Y aquí me ha llevado el destino, frente a esta bonita casa, observando el césped impoluto, obra de un jardinero profesional. Miro con atención los juegos de dos preciosos niños que hacen rodar una pelota con entusiasmo. Miro a través de la ventana y la veo… “Ella”, tan divina, “Ella”, presidenta de la asociación de padres. “Ella” tan rubia, con esos ojos tan azules. “Ella” tan deseada por todo el mundo, tan… Perfecta en todos los sentidos… menos para mí. “Ella” fue la culpable de todo. “Ella” fue el detonante de mi éxtasis purificador. “Ella” y su jodida envidia. La inocente bella chica sorprendida por la crueldad del psicópata de su novio que mató a su “mejor amiga” en el servicio del instituto y después prendió fuego a todo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;…Pero todo va a acabar, va a recibir su merecido. Mientras llamo al timbre saco el machete de mi larga gabardina y me preparo para mi primera parada en esta segunda ola de purificación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-5420813115729145981?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/5420813115729145981/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/prom-night.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5420813115729145981'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5420813115729145981'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/prom-night.html' title='Prom Night'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-5096726585611994482</id><published>2008-12-12T01:33:00.001+01:00</published><updated>2008-12-12T01:37:08.628+01:00</updated><title type='text'>Un buen día...</title><content type='html'>No estoy enfadado. ¡Al contrario! Tengo la sospecha de que mucha gente piensa que soy un sociópata, que llevo las venas sembradas de odio. El mismo odio que llevó a gente como Hitler a exterminar a millones de personas. Yo nunca he odiado a nadie, ¡no entiendo por qué todos se empeñan en intentar entender como somos cuando en realidad no tienen ni puta idea! ¡Al cuerno todos ellos y sus jodidas pretensiones! ¿Desde cuándo tienen ellos el control de la gran cruz de madera de la que penden los flácidos hilos de nuestras vidas?&lt;br /&gt;Yo nunca quise que las cosas llegaran a este punto. De mis quince años de edad, aproximadamente diez los he pasado atado a éste yugo de tiranía patriarcal que ha sido mi casa, ¡mi hogar! Joder, seguro que cuando salga de éste apestoso cuchitril mi madre estará aún tirada en el sofá donde la vi por última vez con las gordas piernas sobre el reposabrazos y apestando a moho y vagancia por todos los poros de su enorme cuerpo. Seguro que nada más verme aparecer por la puerta comienza de nuevo con su jodido sermón y sus jodidos encargos. “Luisillo anda, tráele unas galletas a mamá”, “Luisillo anda, ve a regar las flores de mamá”. De siempre me he considerado un buen hijo, siempre he atendido a los deseos de mamá y la he obedecido todas sus órdenes sin rechistar.&lt;br /&gt;Hasta aquel día, supongo.&lt;br /&gt;Luego está mi padre. Valiente puto borracho maricón de los cojones. Todo el pueblo sabe que algunas noches deja a mi madre acostada y se va a “El Coyote”, un bar de copas, cuyos parroquianos son ligeramente “afeminados” por usar un eufemismo ligerito, a refregar cebolleta. Joder, cuantas veces habré oído la misma mierda día tras día a mis compañeros de clase. “¡Luisillo, a tu padre le huele el cogote a Ducados!”, “¡Luisillo, tu padre tiene pelos de pecho en la espalda!”. Todos los días aparece a la misma hora de vuelta a casa. Sucio y cansado tras quince horas de explotación en la cantera. Se sienta, siempre junto a su único e inseparable colega, el Señor Jack Daniels y paradójicamente sólo se levanta cuando ya no tiene manera de ponerse en pie.&lt;br /&gt;Toda su vida, desde los doce años, en los que simultáneamente conoció a mi madre y comenzó a trabajar picando las montañas calizas de la región donde vivo, se halla sumida en una profunda y triste rutina. Dormir, comer, trabajar, beber, joder (no siempre con mi madre, a pesar de que ésta ha sido la única mujer de su vida), dormir, comer… e incluso a veces jugaba conmigo. Pero a mí aquellos juegos no me gustaban, me daban asco y nunca había tenido el valor de decírselo. Da igual, ya creo que no voy a tener que hacerlo. Creo que papá se ha enfadado conmigo y no va a volver a hablarme.&lt;br /&gt;Vivimos en una casa de un solo piso mi madre, mi padre y dos gilipollas más, mis hermanos. Dormimos los tres hacinados en un cuarto donde apenas entramos bien cuando nos tumbamos y tengo que soportar noche tras noche sus ronquidos, pedos, eructos y toda una larga serie de improperios que salen cada minuto por cualquier orificio de sus cuerpos de fracasados. A lo largo de sus miserables vidas, lo único que han hecho ha sido pegarme a mí y entre ellos. Ante cualquier tontería ya llenaban la casa de hostias volantes, y si te descuidabas, alguna te alcanzaba. Sin embargo, en el fondo los tres hemos sufrido las mismas maldades en aquella casa a la que teníamos la “inocencia” de llamar hogar, por lo que no les guardo rencor.&lt;br /&gt;El mayor, Julián, acaba de enterarse que ha dejado preñada a la zorra de su novia. Una chavala predestinada a convertirse en lo que ahora es mi madre, pero que estaba disfrutando de la poca vida de la que ha disfrutado  hasta que “papá le puso una semillita a mamá y por eso tiene una barriga taaaan grande”. Por otro lado, la Paqui, como suelen llamar a ese despojo, es lo más… digamos promiscuo que he tenido la desgracia de encontrarme por el camino. Aún hoy dudo de que Julián sea el padre de la desgraciada criatura que lleva en las entrañas. No sabe lo que le espera.&lt;br /&gt;Daniel (Se llama Daniel a secas, porque el párroco del pueblo no dejó a mi padre ponerle Jack también) es el pequeño. Tan solo tiene diez años y ya es pura carne de reformatorio. Supongo que Dios, cuando lo hizo, se pasó con ese ingrediente que hace que las personas seamos unos diablos. Menudo cabrón está hecho el Dani. Con nueve años ya dejó de ir al colegio porque arrancó a su profesora la oreja de un mordisco. Cuando los demás profesores, alertados por los gritos histéricos de su profesora, llegaron, aún masticaba el pabellón auditivo de Doña Flora Martínez, profesora de lengua de cuarto de EGB del colegio local. Mi pequeño Dani… a él le tocó sufrir toda la ira y la dejadez de mi padre. Si los tres de vez en cuando nos tocaba pillar repaso, era con él con el que normalmente se ensañaba con más furia. Aquí en mi retiro forzoso, es al que más echo de menos.&lt;br /&gt;Yo nunca he sido buen estudiante. Malo tampoco, simplemente me la traía un poco al fresco todo lo que el profesor me enseñaba. Pobrecito, lo intentaba, pero nunca pudo. De todos modos yo, como todos los miembros de mi familia, estoy destinado a trabajar en esa mierda de cantera, nutriente esencial de la industria constructora y pétrea de la comarca. No me molestaban las explicaciones del profesor, pero tampoco me interesaban. Lo que sí que me mataba de la escuela eran algunos de los 20 mocosos imberbes que se congregaban mañana tras mañana en el aula. Sobre todo uno de ellos, Pedro.&lt;br /&gt;A ese cabrón lo podríamos describir fácilmente como el típico “chulo putas de patio de colegio”. Ni estudiaba, ni dejaba estudiar. Basaba su existencia en joder la marrana. Robaba el dinero, atizaba a los pequeños con inusitada violencia, atizaba a los mayores con piedras y luego ponía pies en polvorosa. Vamos, un grandísimo hijo de puta en frasco pequeñito. Lo odio a muerte.&lt;br /&gt;Aunque aquel día deje de odiarlo. Digamos que saqué “todo lo bueno” que tenía en su interior…&lt;br /&gt;Pero… ¡Qué cojones! ¡Claro que estoy enfadado! Aquel día Pedro me daría su última paliza a la vez que activó el resorte que hizo que me cabreara bien cabreado y decidiera poner los puntos sobre las íes y largarme de aquel pueblucho apestoso. Me enganchó a la salida, ya que en el recreo me había negado a darle mi desayuno. Ese cabrón estaba enfadado y hambriento, peligrosa combinación para un ave de presa como él. Me persiguió hasta la cantera en una carrera en la que mi aliento desaparecía rápidamente como la vida de una rata atrapada en un cepo. Una vez en la cantera me acorraló y pronunció unas palabras que jamás olvidaré.&lt;br /&gt;-          La has cagado gilipollas. Te voy a pegar la paliza de tu vida, puedes estar tan seguro de ello como de que tu padre tiene el culo como la bandera de Japón.&lt;br /&gt;No las olvidaré nunca porque fueron sus últimas palabras. En un lapsus de la carrera en el que lo perdí de vista cogí un trozo de cristal que antaño había pertenecido a una ventana. Justo cuando ese pequeño demonio de pelo rizado y tez aceitunada se abalanzó sobre mí con instinto depredador. El cristal y mi mano dibujaron en conjunto una parábola horizontal  que dio como resultado un corte en el cuello del gamberro. Laceración de la aorta dirían más tarde los forenses, ¡qué cojones me importa a mí! Lo que sé es que le rebane el pescuezo como a un puto cochino. Ese hijo de la gran puta se lo merecía y cuando lo vi de rodillas, con toda la pechera llena de sangre, que salía a borbotones del corte en su cuello y mirándome con las pupilas dilatadas y abiertas como platos me alegré. Me alegre tanto que metí la mano por el corte de su cuello y me la embadurné en sangre. Al pasarme los dedos por los labios pude notar el herrumbroso y cálido sabor de la sangre reciente. Aquello fue lo que terminó por convencerme de que mi vida no estaba en aquel lugar. Tenía que largarme. Quería irme a la capital, probar suerte. Buscaría un trabajo y quién sabe si algún día podría formar una familia. Pero antes tenía que pasar por casa y recoger algunas de mis cosas: ropa, tebeos, el cepillo de dientes y quizá algo de comer.&lt;br /&gt;Llegué a casa dando un rodeo, no quería que nadie me viera lleno de sangre y entré por la puerta delantera de nuestra casa. Cerré la puerta a mis espaldas, a mi izquierda tenía aquella mierda de televisor a pilas en blanco y negro de los chinos, como siempre a demasiado volumen y sintonizando “El diario de Patricia”. Joder, que puto coraje me da ese programa de mierda. Mi madre seguía empotrada en su sofá, con los pies descalzos, justo enfrente de mí. Al verme en tan deplorable estado exclamó alarmada que qué me había pasado. Pase por su lado y me dirigí a la cocina sin abrir la boca, cuando dejé el sofá atrás me enfadé. Joder que si me enfadé, la puta gorda de mierda de mi madre acababa de ver entrar a su hijo bañado en sangre y ni siquiera se había molestado en levantarse para ver qué pasaba. En la cocina, agarré la empuñadura plateada del cuchillo de cortar pescado, unos 20 centímetros de hoja y 8 de ancho. Me volví y hundí aquel gran machete en el pecho de mi madre, justo en el corazón. Ni siquiera gritó, maldita ballena. Raje su barriga y sus tripas quedaron desparramadas en el suelo, ahora ya no tendría que preocuparse por su sobrepeso nunca más. Mientras, la puta de Patricia seguía intentando que una tía feísima le diera una oportunidad a su novio de internet. Yo quiero mucho a mi madre, a pesar de sus fallos, por lo que no quise dejarla así, me mojé los dedos en sangre y le dibuje una amplia sonrisa en la cara. Joder, que imagen tan grotesca aquella enorme sonrisa roja sobre aquel saco de grasa que era su cara. Aún conservaba una expresión que parecía decir “¿Qué cojones ha pasado?”.&lt;br /&gt;Mi padre mientras tanto se estaba dando un baño, iba ya tan borracho que vio la sangre en el momento en el que enchufaba el tostador y se lo arrojaba mientras decía  “A tomar por culo, vete a joder a tu madre al infierno”. Que me perdone mi abuela, la pobre, pero es que estaba muy alterado. El mero hecho de ver a mi padre retorcerse en la bañera como una sardina recién pescada dibujó una sonrisa en mi cara. Aún hoy saboreo ese instante de triunfo.&lt;br /&gt;Cuando salí del baño, la habitación estaba en penumbras porque los plomos habían saltado y todo olía ya a papá tostado. Cogí del armario la escopeta de caza de mi padre y me aposté detrás de la tele esperando la llegada de mis hermanos que, supuse, habían ido a realizar cualquier encargo de la inútil de mi madre.&lt;br /&gt;Diez minutos después aparecieron. Joder, que puntería tengo. Con el mismo disparo, a apenas un metro de distancia, le volé la cabeza al pequeño y le destrocé el costado al mayor, que seguía con vida cuando cayó al suelo. Era mi hermano y lo quería, así que no lo podía dejar así. Volví a coger el cuchillo, que estaba tan dentro de mi madre como lo había estado yo en su día y le corté la cabeza. Pensé, como regalo de despedida, en arreglarle un poquito la cara, pero el hijo de puta era tan feo que no había por donde cogerlo. Estaba hasta los cojones de la puta de Patricia, así que cogí el televisor y lo encasqueté donde antes había estado la cabeza de mi hermano. Qué ironía, ahora desde aquel ángulo Patricia era mi hermano, y por lo menos aquella zorra estaba buena. Reí hasta que no pude más, hice la maleta, me lavé y me largué de aquella porquería de casa.&lt;br /&gt;Se ve que algún vecino entrometido llamaría a la poli o algo, porque no me explico cómo cojones me pillaron tan rápido. El policía dio el alto y yo pasé del tema. Seguí andando hasta que sentí un golpe seco en la nuca y caí desfallecido. Una vez en la comisaría me preguntaron todo lo que se le puede preguntar a una persona durante horas y horas. No abrí la boca en ningún momento.&lt;br /&gt;…&lt;br /&gt;Hoy me han preguntado si me arrepiento de lo que hice. Joder, claro que sí. Si llego a saber que me iban a meter en esta mierda de cuarto acolchado y me iban a obligar a ir a rehabilitaciones y terapias extrañas no lo hubiera hecho. Pero dicen que de vez en cuando es bueno desahogarse, ¿no?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-5096726585611994482?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/5096726585611994482/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/un-buen-da.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5096726585611994482'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/5096726585611994482'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/un-buen-da.html' title='Un buen día...'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-6402130919975159931.post-6923810386099236990</id><published>2008-12-12T01:13:00.000+01:00</published><updated>2008-12-12T01:17:39.514+01:00</updated><title type='text'>Let's this story begin...</title><content type='html'>¡Hola gente!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta es la primera parada de mi aventura literaria. Ya llevo bastantes años escribiendo relatos de terror, fantasía, ciencia ficción y... paranoyas varias de las mías. A partir de ahora, cosa que escriba, cosa que cuelgo para goce y deleite de todos :)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Espero comentarios, eso sí, no sed muy duros conmigo que soy novato jeje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SRV&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/6402130919975159931-6923810386099236990?l=dethr0ned.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://dethr0ned.blogspot.com/feeds/6923810386099236990/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/lets-this-story-begin.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/6923810386099236990'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/6402130919975159931/posts/default/6923810386099236990'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://dethr0ned.blogspot.com/2008/12/lets-this-story-begin.html' title='Let&apos;s this story begin...'/><author><name>·[Dethr0neD]·</name><uri>http://www.blogger.com/profile/09747619674450250083</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_6rZuUgoei1s/SUG19xZp3DI/AAAAAAAAAAM/bBjBzmCpHns/S220/yop.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
